La historia más difundida sobre su origen es la que vincula su creación a la invasión turca. Corría el año 1683 y el Imperio Otomano avanzaba por Europa en su guerra contra el Imperio Romano Germánico. Con el gran visir Kara Mustafá al frente, tras conquistar Constantinopla, los Balcanes y parte de Hungría, el ejército turco estaba dispuesto a invadir Viena. Pero la ciudad estaba protegida por una muralla infranqueable. Los 200.000 soldados otomanos decidieron entonces cavar túneles por debajo de la muralla para entrar directamente al centro de la urbe y sorprender a los habitantes en plena noche.
Como todos sabemos, el de panadero es un oficio sacrificado. Hay que madrugar mucho para tener pan recién hecho a primera hora, y por eso los panaderos vieneses eran de los pocos que estaban despiertos. Al escuchar los ruidos del túnel, dieron la voz de alarma, despertaron a la ciudad y lograron detener el ataque.
"Y para los que prefieren un toque más dulce, no nos podemos olvidar del famoso Pain au Chocolat. Porque aunque la historia empiece con la luna creciente, ¡el chocolate siempre tiene lugar en nuestra mesa!"
“La próxima vez que muerdan un croissant, acuérdense de los panaderos de Viena que salvaron una ciudad. ¿Ustedes de qué equipo son: croissant clásico o el infaltable pain au chocolat?"



Yo confieso que soy del equipo del clásico, ¡no hay con qué darle! ¿Y ustedes?
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